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lunes, 27 de diciembre de 2010

Las palomas, símbolo de... ¿la paz?

Todavía recuerdo cuando, en mi más tierna infancia, me divertía de la mano de mi padre dándole de comer a las palomitas, tiernos pajaritos que, tan rápido se acercaban a tí para comer, como tan rápido se alejaban al detectar el más mínimo movimiento de tu cuerpo.

Siendo tan pequeña, todavía no conocía la verdadera cara de las palomas.


Mi primera aproximación se hizo efectiva hace unos años cuando, en la comunidad de pisos en la que vivía con mis padres, un hecho insólito conmocionó al vecindario. Desde que tengo uso de razón, jamás había recordado una gotera en casa de mis padres, o alguna conversación relativa de algún vecino. Jamás. Sin embargo, un lluvioso día de esos en los que sólo te apetece estar en casa, bajo tu manta preferida, viendo una buena peli o leyendo un buen libro, pero en los que la rutina provoca que tengas que pasar tiempo bajo la lluvia, te acabes empapando del chaparrón y llegues a casa con los vaqueros calados hasta la rodilla, la catástrofe invadió el vecindario.

Como si de un tsunami se tratara, todavía recuerdo a todas las vecinas en sus respectivos descansillos, con sus batas típicas, comentando horrorizadas, cómo sus cocinas se iban al garete por culpa de unas extrañas goteras que habían invadido gran parte de los techos. Y claro, también recuerdo la maniobra de achicamiento de agua en mi propia cocina. Un episodio de lo más divertido, claro está. Y como cabía esperar, tras el desastre del aguacero, y la reunión de vecinos consiguiente, se determinó una investigación para averiguar el motivo de la aparición de tan extrañas goteras en la mayoría de casas de la comunidad.

Cual fue la sorpresa del personal (y de los fontaneros y albañiles) al descubrir que las causantes de tal desastre no habían sido otras que las tiernas palomitas a las que alimentábamos de pequeños. Sí sí, las palomitas...

Me explico. Básicamente, la conclusión de la investigación fue que, un grupito de palomas (o varios) no identificado, claro está, había pasado bastante tiempo en nuestros tejados, dejándonos unos bonitos regalitos tras sus reuniones, en forma de excrementos que, habían ido colapsando poco a poco y, de manera totalmente corrosiva, nuestras perfectas e impolutas tuberías.

Así fue cuando descubrí que las palomas me habían defraudado. Ya no eran lo que yo pensaba que significaban y se habían portado mal, muy mal.

Sin embargo, ya independizada y sin otra opción momentánea, más que dejar que mi bonito coche duerma en la calle, cerca de casa, he acabado de descubrir la verdad sobre las palomas, que de símbolo de la paz, no tienen NADA.

¿Os habéis parado a pensar en lo que bien que se siente uno tras lavar el coche? Esa sensación de limpieza, de poder decir: qué bien, después de 4 meses he podido limpiar el coche y lo he dejado impoluto. ¡Qué bonito que está ahora! ¡Pero si parece otro! La sensación es mucho más placentera cuando sales de trabajar hasta las mismísimas, te vas al centro comercial de turno y, mientras haces unas compritas que te despejan la mente, unos señores muy amables te limpian el coche por dentro y por fuera en un ratín de nada y te lo dejan mejor que nuevo.

Pero claro, qué ilusos que podemos ser los humanos en ciertas ocasiones, frente a las fuerzas animales, subéstimándolas sin parar. CRASO ERROR. Y más cuando, después de esa maravillosa tarde de compras y de limpieza de tu pequeño coche, lo aparcas en la calle y te vas a casa a descansar hasta el día siguiente...

¡¡¡¡HORROR!!! ¡Tu coche es una cagada! Donde había brillo y color metalizado y carísimo, ahora hay excrementos de paloma por doquier que, lentamente, van asesinando el color que tanto te gusta de tu coche. Y si a los excrementos corrosivos por todo el techo, ya sólidos y difíciles de eliminar, les sumas el excremento del tamaño de un roscón de reyes, líquido y con sus consiguientes gotitas por uno de los cristales traseros, tu coche ya oficialmente ha sido desvirgado por los excrementos de las palomas, listo para arrancarlo y mostrarlo por todo el parking de tu empresa, con los recurridos comentarios de compañeros y la vergüenza que tienes que pasar... 

Mi pregunta es, ¿qué comerán estos pajarracos? ¿Cómo es posible que echen por esos cuerpecitos tal cantidad de mierda corrosiva? De verdad que no lo entiendo, que alguien me lo explique...

Por eso, este artículo es un manifiesto contra la imagen de las palomas. De paz, nada de nada. Son ratas voladoras que, además de transmitir enfermedades muy malas, se pasan la vida volando, comiendo vete tú a saber el qué, y cagando en los tejados y en los coches de gente totalmente inofensiva, que no tiene que aguantar los excrementos ajenos. ¿Acaso vamos nosotros a cagar encima de los árboles?

De verdad que no hay derecho...

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