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domingo, 6 de febrero de 2011

Mi debate sobre algo controvertido

Voy a romper completamente con la temática de mi Blog. He de confesaros, que si no escribía un post sobre lo que vais a leer a continuación, reventaba.

Al grano. El viernes, durante la que se presentaba como una noche tranquila con cenita en casa de una de mis parejas favoritas (los aludidos se identificarán sin ningún problema. Este post va por vosotros. ;-D), la cosa se complicó, y al final, acabamos debatiendo sobre BDSM. Os dejo un enlace muy completo de la Wikipedia por si queréis indagar más aquí.

Los más avispados ya sabrán a lo que me refiero. Sí, estáis en lo cierto. El viernes, los ojos se nos salieron de las órbitas viendo el "21 días en el mundo del sadomasoquismo" y la verdad es que, por mucho que lo intente, me cuesta comprender que haya gente que, en lugar de huir del dolor, lo busque desesperadamente. 

Pero vayamos por partes.

Para los que no lo vieran, ni conozcan el formato de 21 días, programa de Cuatro, esta vez, Adela Úcar, nuevo rostro en esta nueva temporada, se adentraba durante 21 días en el mundo del BDSM, de la mano de varias dóminas que le iban explicando y mostrando los secretos y ciertas prácticas del sadomasoquismo.

El programa comienza con tono bastante light, en el que la primera dómina, con sus 64 años y los no me acuerdo cuántos en el mundo del sado, resalta que este tipo de prácticas siempre deben ser algo pactado, están basadas en el respeto, y pueden servir para aislar del mundo y del estrés del día a día.

La primera conclusión que sacamos es precisamente la búsqueda del placer en el dolor extremo. Ante las caras de poker de Adela, las dóminas y sumisos que van respondiendo a sus dudas coinciden en lo mismo. Son felices practicando BDSM. Lo buscan y lo necesitan. La dómina o el amo sienten placer al causar dolor al sumiso o sumisa porque precisamente saben que ellos están disfrutando con ese dolor.

Es uno de los sumisos que aparecen en escena, ataviado con ropa interior de mujer, quien deja muy claro que, el único momento en el que se siente feliz es cuando va a visitar a su ama y a desempeñar sus labores domésticas. Labores que no tienen ningún tipo de interés económico por parte del sometido, con lo que entendemos que, efectivamente, algún tipo de felicidad le debe aportar.

Bien. Hasta aquí, no comparto nada de lo que se está exponiendo, pero las opiniones de todos coinciden: "Si a ellos les gusta y las dos partes están de acuerdo...". Correcto. 

Pero sigamos adelante...

Un matrimonio residente en Toledo, completamente normal a primera vista, es el que acaba dejándome fuera de juego. Y es que cuando oigo, por boca de ella, la sumisa en este caso, que lo que siente cuando practica con su marido BDSM, es la pérdida de humanidad y la conversión en un objeto al que se puede golpear y escupir, yo ahí ya sí que me pierdo. Si ya con estas declaraciones, parece que estoy en otra galaxia, cuando llega el momento de la "Momificación", ya ni os cuento. 

Como si de la envoltura de un objeto se tratara, marido envuelve con film a mujer, desde los pies hasta el cuello y la deja completamente inmóvil. La cabeza también se la envuelve, por supuesto, aguantando ella el tipo, hasta que el espectador, ve con agobio, cómo el marido, con mucho tacto, pincha el film con su dedo en el agujero de la boca de su mujer, para que ella pueda respirar. Ella se queda completamente inmóvil, aislada y sóla, y él la deja así durante un rato, hasta que al final, regresa y la "desmomifica". Veo la cara de miedo y de indefensión de la sometida, que se abraza desesperadamente a él, en cuanto se ve liberada de la presión del papel envolviendo todo su cuerpo. 

Es aquí cuando yo realmente me pregunto: ¿De verdad que una situación así le puede causar placer a una persona? ¿Que te envuelvan, te inmovilicen y te abandonen durante un tiempo, puede llegar a ser placentero?



21 días en el mundo del sadomasoquismo. 21 días. Cuatro


Me no entender...

Sin embargo, Adela destaca que, después de presenciar esta sesión, comienza a entender el BDSM precisamente por la total comunicación, las miradas y la ternura que había visto entre ellos, algo que forma parte de la sexualidad tal y como ella la entiende. 

Y he aquí el quid de la cuestión.

En ningún caso pretendo que este post se interprete como una crítica al BDSM. Todo lo contrario, cada uno es libre de hacer lo que le venga en gana. Simplemente, se me plantea un debate sobre el que no soy capaz de posicionarme. Por un lado, sigo sin entender el placer concebido como el dolor y la agustia extrema. Pero por otro, al parecer, los interesados sí que lo disfrutan y sí que obtienen la felicidad en prácticas como las que os acabo de relatar.

Me quedo con una de las conclusiones finales del reportaje: "El sado no se explica. Se siente". Y mientras que sea sensato, seguro y consensuado, pues lo de siempre, que lo practique a quien le apetezca...

¿No?

[...]

2 comentarios :

  1. Ya querida, yo también lo vi. Y la verdad es que me dejo muy loca todo el contenido en general.
    No sé si será normal, a mí me parece perfecto que la gente haga lo que le sale de las narices, y si son felices así pues mira que bien. Pero yo creo que en muchos casos hay algún tipo de trauma detrás de todo eso. No digo que todo el mundo que lo practica esté loco, pero sí creo que en algunos casos hay ciertos traumas detrás de lo que se ve.

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  2. La verdad es que no me había planteado esa opción... Vete tú a saber. Cada persona es un mundo...
    Pero sí, la verdad es que merece la pena ver este capítulo, porque no tiene desperdicio...

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