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miércoles, 3 de abril de 2013

Dos hombres solos, sin punto com... ni ná. La risión sobre el escenario

En los tiempos que corren, y estando como estamos, ser capaz de hacer reir sin parar durante dos horas y media, para mí, es un auténtico logro. Conseguir la risa (según la opinión de una humilde servidora) es muchísimo más difícil que conseguir el llanto. Si estás encima de un escenario, el más difícil todavía.

Esto es, en resumen, lo que consiguen sin despeinarse (uno más que otro...), Manolo Medina y Rodrigo Ponce de León, los dos actores protagonistas que han interpretado Dos hombres solos, sin punto com... ni ná, la friolera de más de 1200 funciones y han reunido a más de 500.000 espectadores por los teatros de media España.

Según reza la sinopsis de la representación, Manolo y Rodrigo viven juntos desde hace dos años. Ninguno de los dos es homosexual. Rodrigo es el que trae el dinero a casa y Manolo hace las funciones de ama de casa. Hasta aquí, todo normal, pero el excesivo amaneramiento de Manolo, que se ha criado con su madre, seis hermanas y un mayordomo maricón, hace que la gente hable más de la cuenta... Esta extraña pareja, con su particular convivencia, provoca situaciones inusuales en la vida cotidiana de cualquiera de nosotros.

"Dos hombres solos, sin punto com... ni ná". Teatro Amaya de Madrid

Lo que comenzó siendo un estreno en una pequeña sala jerezana, se difundió como la espuma y gracias al boca a boca (sin realizar acciones importantes de Marketing), la obra ha recorrido grandes teatros españoles y acabó convirtiéndose en la compañía Teatro Sí Jerez

Dos hombres solos, sin punto com... ni ná, llegaba al Teatro Amaya de Madrid hace algunas semanas. La verdad es que no conocía a ninguno de los dos actores, ni había oído hablar de la obra, pero mi amigo Javi me invitó a verla y a mí, que no me gusta un teatro, ni me lo pensé media vez siquiera.

Cuando vas a ver una obra sobre la que no conoces mucho, te pueden pasar dos cosas: ni fu ni fa (epic fail) o bien, the big surprise (triunfo total y absoluto). Pues bien, en nuestro caso triunfamos. Manolo y Rodrigo nos lo hicieron pasar bien no, lo siguiente. La obra, que mezcla el teatro y el monólogo, saca a la palestra las típicas escenas cotidianas, aquellas que te encuentras en el día a día, y que son carne de carcajada, de humor en su estado más puro. Según palabras del propio Manolo Medina, esta obra es "un homenaje a las maris". Los gags ingeniosos no paran de repetirse a lo largo de las casi tres horas de espectáculo y el momento inicial típico en el que el espectador puede llegar a dudar sobre lo cómico del personaje, se esfuma rápidamente. Estos dos peculiares tipos engullen al público en su mundo y lo arrastran a la carcajada continua.

Los papeles de los actores están muy bien diferenciados, pero también se unen a la perfección, encajan dentro de un cuadro (nunca mejor dicho) en el que el espectador se ve escenificado e identificado. Los conflictos de pareja, la familia o la crisis española, son algunos de los ejes del hilo de una función, en la que los espectadores son también importantes para su desarrollo. Manolo y Rodrigo interactúan con el público durante toda la obra y yo, que viví una de esas interacciones con mis amigos Elena e Isra, os aseguro que, el resultado acabó siendo la risión...

Conclusión. Si queréis pasar un ratazo de risas incontroladas, no dejéis de ir a verlos al Teatro Amaya de Madrid. Las funciones se han prorrogado desde el 9 de abril hasta el 12 de mayo.

Yo ya se la he recomendado a mi madre, a mis amigos, a mis primos, a mis vecinos... Sí, a mi madre, seeep, seeeep... [guiño, guiño, doble guiño...]


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