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jueves, 30 de mayo de 2013

Los ataques en redes sociales. De los trolls de David el Gnomo, a los trolls de Twitter


Os acordáis de estos personajillos, ¿verdad? Retrocediendo a los grandiosos ochenta, he rescatado el recuerdo de una de mis series favoritas, David el Gnomo, recuperando también de mi memoria a estos seres cansinos, mocosos, débiles ante la luz del sol y principales enemigos del adorable Gnomo que formó parte de la infancia de muchos españoles: los trolls.

Son muchas las películas (sobre todo en ciencia ficción), en las que los trolls tienen cierto protagonismo. Willow por ejemplo (otro de mis grandes clásicos), se pasaba media película intentando, bien huir, o bien enfrentarse, a estos seres desagradables y nada amigos de los protagonistas (los buenos) de la historia.

Hoy, la figura del troll, ha pasado de localizarse en películas, a manifestarse abiertamente en otro foro: las redes sociales. Centrándome en Twitter, llevo unos meses leyendo y saltando de perfil en perfil, para observar ciertos "altercados" ocurridos en la red social, a raiz de la interacción entre personajes (normalmente) públicos y personajes (casi en su mayoría) anónimos, los trolls. 

Los trolls en redes sociales se conocen o se detectan por ser perfiles, como os contaba antes, en su mayoría, anónimos, que dedican gran parte de su tiempo, a atacar o incordiar a perfiles de personajes (casi siempre), públicos. En otras palabras, los trolls suelen aparecer por los timelines de aquellas personas que son bastante conocidas (en cualquier ámbito) y que cuentan con un gran número de seguidores.


Existen trolls que incordian sin razón y sin otro fundamento que la crítica destructiva hacia el personaje en cuestión. Como ejemplo os contaré, que Fernando Alonso, al abrir su cuenta de Twitter, @alo_oficial, recibió centenares y variopintos comentarios, entre los que se puede citar, por ejemplo, el jocoso, “¿Es cierto que tienes tanto cuello que te haces el nudo de la corbata en el pecho?”. Recuerdo también un tuit contra la periodista Ana Pastor, de un perfil que además firmaba con nombres y apellidos, y que se dirigía a ella directamente como Puta. Perfil que, inmediatamente después de que la propia periodista retuiteara el insulto, desaparecía de la red social, difuminándose en el ciberespacio.

Pero también están los trolls que fundamentan y argumentan sus ataques contra los personajes públicos. Como ejemplo, sólo tenéis que visitar el Twitter de cualquier ministro, diputado, o del propio Presidente del Gobierno español... 

Y aquí viene el debate. ¿Son buenos o son malos los trolls? Hace unos días, leía un tuit que afirmaba que el vuelo en Twitter de un perfil, comenzaba a despegar en el momento en el que un troll se manifestaba en él.

Por un lado, que los trolls te ataquen, es claro síntoma de que tus opiniones o informaciones, generan interés e influyen en el resto de la comunidad. Pero por otro, el escarnio público, siempre que venga motivado sin ningún tipo de fundamento, en mi opinión, es completamente innecesario. 

Las redes sociales ofrecen un sinfín de posibilidades y acortan las distancias entre las personas. La comunicación es directa y no tiene barreras. Si quieres escribir a Obama, puedes hacerlo. Ahora bien, hecha la ley, hecha la trampa. Y he aquí el límite negativo que todos los usuarios de redes sociales deberíamos respetar. El tener acceso directo a una persona, no debería implicar que perdamos el respeto hacia ella. Y ese es el quid de la cuestión. 

Critiquemos, es necesario. Pero no perdamos el respeto ni las formas. No nos convirtamos en esos personajillos cansinos, mocosos y débiles ante la luz del sol.


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