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domingo, 30 de junio de 2013

La Chunga de Vargas Llosa: la intensidad e inmensidad actoral en el Teatro Español

La Chunga, desde el 25 de abril hasta el 30 de junio en el Teatro Español

Así es La Chunga. Oscura, dura, desafiante, con mirada impenetrable, fría, casi masculina. Así se muestra durante los primeros minutos de la función, ante los ojos del espectador en el Teatro Español, meciéndose impasible en su butaca, impenetrable. Una niña que nació en un burdel, - según palabras de Vargas Llosa, su creador - mientras éste se incendiaba, en las afueras de Piura, una ciudad del norte del Perú.

Chunga regenta el bar en el que Los inconquistables beben, engañan, maldicen, juegan y exponen sus bajezas. Taberna desaliñada en la que el espectador será testigo de una historia y de un secreto. Será testigo de giros emocionales, de falsas apariencias, de la más oscura tiranía masculina y de la más clara valentía femenina. De cómo el amor y la compasión pueden llegar a derribar las torres más altas. De la cantidad de secretos y corazas con las que es capaz de convivir el ser humano. De la intensidad con la que nos enfrentamos al miedo y al dolor.

Este drama fue escrito por Mario Vargas Llosa en 1986 y nos traslada al Perú de 1945. Los inconquistables Mono, Josefino, José y Lituma hacen su habitual parada nocturna en la taberna de La Chunga. Acción que no tiene nada de especial si no fuera porque la niña Meche aparece en escena y desencadena todo lo que acabará por suceder después. Meche es la amante de Josefino y, nada más aparecer por la puerta del bar, Chunga se queda prendada de ella. La falta de escrúpulos y ambición de Josefino provocan que Meche tenga que acceder a todos los deseos de La Chunga durante toda una noche, a cambio de una golosa cantidad de dinero. Y hasta aquí puedo leer. Lo que viene después, tenéis que presenciarlo vosotros mismos. Hoy, La Chunga cierra su primera temporada en el Español, así que aprovechad este último domingo en cartel, para vivir la intensidad de esta historia, de sus personajes y de la exquisitez de sus actores.


Elenco al completo de La Chunga. Imagen: Mesala Films

Si tengo que definir con una palabra la sensación que los actores de La Chunga transmiten en el Español, esa palabra es intensidad. Hace unos días, leía en un reportaje sobre la obra de teatro en El Mundo, una frase de Aitana Sánchez-Gijón sobre La Chunga que me impactó, "Es de los personajes que más me han reventado física y emocionalmente", decía. Cualquiera que la haya visto sobre las tablas del Español, dará fe de ello. Es tal la intensidad y el coraje interpretativo con el que hace frente al hilo argumental de la historia, que acaba afónica y completamente exhausta. Al final de la representación, en el momento en el que los actores saludan al público, vemos a una Aitana desgastada por la hora y cuarto de intensidad emocional que se acaba de marcar, echando ya los restos de energía que le quedan, para poder entrar y salir a saludar unas cuantas veces. Esto, amigos, es para mí, la perfecta definición de lo que debe ser una actriz: una mujer capaz de destrozarse si así lo requiere su personaje.

Asier Etxeandia es Josefino, un auténtico hijo de puta que hace que La Chunga, Meche y el espectador lo pasen realmente mal. Tirano, embaucador, perdido por la ambición, egoísta y soberbio. Asier es un actor de libro, una bestia escénica capaz de comerse cualquier rastro de su personalidad y aguantar lo que se precie, dándole vida y emoción en este caso, al peor hombre sobre la faz de la tierra. Ya le admiraba desde hace tiempo. Durante unos cuantos viernes fue capaz de hacer doblete con La Chunga y El Intérprete, pasando también los lunes por Sagrado Corazón 45 en La Casa de la Portera. Ahora, después de verle en La Chunga, le admiro mucho más por ser capaz de transformar esa admiración de los que le seguimos, en auténtico odio hacia su personaje de Josefino. He de decir que a Asier, los personajes con cierto toque canalla, le vienen como anillo al dedo, pero con este señor (por llamarlo de alguna manera), ya ha alcanzado un nivel de hijoputismo mayor que, si sigue explorando, acabará por colocarle en el olimpo de los dioses escénicos.

Irene Escolar, Meche, la desencadenante de todo lo que sucede en La Chunga, para mí ha sido un descubrimiento por dos motivos. En primer lugar, por saber encarnar a la perfección la fragilidad y debilidad requeridas para su personaje, siendo también capaz de asumir el giro necesario subyacente de la propia historia y, en segundo lugar, por dar una réplica tan brillante a dos monstruos de la interpretación como son Asier y Aitana. Eso no es tarea fácil, e Irene sale airosa en cada una de las escenas (algunas muy difíciles) en las que le toca compartir dramatismo con cada uno de ellos.

Los inconquistables Tomás Pozzi, Rulo Pardo y Jorge Calvo constituyen el complemento perfecto en la historia. Cada uno de ellos sabe potenciar el matiz que han de destacar para sus personajes. Tomás potencia la nota cómica pero a la vez, se enfrenta a un giro dramático y asume una gran bajeza masculina, Rulo destaca la parte sexual desagradable que incluso puede llegar a inspirar compasión. Jorge Calvo (del que ya me declaraba muy fan, todo sea dicho...), podría ser "el bueno" de la película, el inconquistable más noble, enamorado y el único de los cuatro a los que el espectador podría salvar de la quema dentro del rechazo absoluto que generan durante la función.

Creo que el teatro se convierte en auténtico teatro, teatro con mayúsculas, en el momento en el que, una vez encendidas las luces, al final de la función, sales de la sala con algo por dentro que te invade. Ya sea congoja, ira, compasión, risa o emoción. La Chunga cumple su objetivo, ya que no deja indiferente, la energía e intensidad que desprenden sus actores son capaces de llegar a cada uno de los espectadores y traspasarlos, invitando a la reflexión e incluso a la autocrítica del ser humano. A la reflexión sobre el hombre, sobre la mujer, sobre los arquetipos, sobre la bajeza humana y también, sobre el miedo al dolor.

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