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domingo, 17 de noviembre de 2013

Un Trozo Invisible de este mundo. La valiente voz de Juan Diego Botto


Ayer me fui hasta Arganda del Rey, sólo para ver Un Trozo Invisible de este mundo, ya estrenada el octubre pasado en las Naves del Español y en estos meses, de gira por los teatros españoles. Escrita por Juan Diego Botto y dirigida por Sergio Peris-Mencheta, esta obra de teatro es una cita obligatoria con la realidad.

Digo realidad por, según mi punto de vista, tres motivos. El primero, por la base temática sobre la que giran los cinco monólogos que componen la obra: la inmigración y el exilio. El segundo, por ponerle voz a historias que no la tienen. Y el tercero, por sacarnos de nuestras burbujas particulares y hacer que cada uno de los espectadores se sintiera un 20-01 y se pusiera en la piel de aquellos que, por norma, no suelen ser para nosotros, más que cifras bajo los titulares de las noticias.

Como os decía, el texto se divide en cinco brillantes monólogos que corresponden con cinco personajes distintos y un denominador común: el desgarro y el drama individual que se cierne sobre el inmigrante y el exiliado. Los dos primeros se equilibran con los dos últimos, a través de la sobrecogedora intervención de Astrid Jones y su monólogo Mujer, basado en la historia de Samba Martine, congoleña que falleció a los 34 años en el hospital 12 de Octubre de Madrid el pasado 19 de diciembre de 2011. Samba había sido trasladada desde el Centro de Internamiento para Extranjeros de Aluche y llevaba semanas quejándose de los dolores. Nadie le hizo caso. El caso de Samba fue, según las palabras de Botto, tras la función de ayer, uno de los motivos que le llevaron a comenzar a escribir la obra.

Cuando alguien escribe desde la rabia y desde el dolor, se nota. Notas el desgarro, el sufrimiento e incluso la ausencia. Salvo en el caso del primer monólogo, que abre la obra y de un tono más crítico e irónico, los otras cuatro partes son desgarradoras. Además de ser un texto brillante sobre el papel, Juan Diego Botto se hace grande desde lo más pequeño y conduce al espectador hacia esa pequeña mirada bajo la mesa.

Hacía tiempo que no veía a un actor dejarse la piel y el alma sobre el escenario. Su interpretación, mezcla de acentos (español, argentino y mexicano) y combinación de varios personajes es simplemente perfecta. Consigue que cada persona sentada en la butaca, viaje al dolor con él. Consigue que dejemos de mirarnos el ombligo. Consigue lo que para mí es el teatro bien hecho: empatía total y absoluta con el personaje.

Su trabajo tiene mucho que ver con la propia historia de Botto. Uno de los monólogos se basa en las torturas de la Escuela de Mecánica de la Armada, en la que su padre desapareció sin llegar a los treinta años. Teniendo tantas implicaciones personales, la emoción se extiende en toda la sala. Y es un acto de extraordinaria valentía. Bravo, Juan Diego.


Trailer "Un trozo invisible de este mundo". Octubre 2012. Naves del Español


El teatro es voz. Es la voz del pueblo, no lo olvidemos nunca. Es la voz de los desconocidos. Qué bien sienta, con la que está cayendo, encontrar piezas tan deliciosas, bien hechas y capaces de remover conciencias. Qué bien sienta acompañar al personaje, a la persona, a defender su derecho al 10. A defender su necesidad de justicia. A su necesidad de ser escuchado. A no dejarle caer en el olvido.

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