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jueves, 29 de mayo de 2014

"Nadie es perfecto", la escena final de "Con faldas y a lo loco"


Escena final Con faldas y a lo loco, (Some like it hot), Billy Wilder. 1959


En 1994, al recibir el Oscar por Belle Époque, Fernando Trueba protagonizó una anécdota equiparable a la más hilarante de las secuencias de su dios particular, Billy Wilder. Al pronunciar su discurso, Trueba dijo, "Me gustaría creer en Dios para agradecérselo. Pero solo creo en Billy Wilder, así que, gracias Mr. Wilder". Al día siguiente, Wilder llamaba a Trueba y le saludaba diciendo, "Hola Fernando, soy Dios". Grandioso. 

Billy Wilder es Dios. Y amén. ¿Qué mente creadora, aparte de la suya, hubiera sido capaz de resolver uno de los enredos más míticos de la historia del cine, con esa escena final en Con faldas y a lo loco? Sólo la suya. La mente de un genio. La mente de Dios. 

Retomando la entrega de las Grandes frases del cine, y por petición popular, he querido rescatar el último minuto de Con faldas y a lo loco, con esa conversación entre Osghood (Joe E. Brown) y Daphne - Joe (Jack Lemmon) en la que éste último ya no sabe cómo quitarse de encima a su pretendiente enamorado. Atención al diálogo, que no puede ser más genial...

- No soy rubia natural. 
- No me importa. 
- Y... ¡Fumo! ¡Fumo muchísimo! 
- Me es igual 
- Tengo un horrible pasado. Desde hace tres años, ¡estoy viviendo con un saxofonista! 
- Te lo perdono... 
- Nunca podré tener hijos... 
- Los adoptaremos... 
- ¡No me comprendes, Osghood! ¡Soy un hombre! 
- Bueno, nadie es perfecto...


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