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domingo, 9 de noviembre de 2014

Concha Velasco regresa al teatro con Olivia y Eugenio


Era su segundo día en Madrid, en el Bellas Artes. Apuesto a que estuvo conteniendo la emoción durante buena parte de la función. Una vez la acabó y nos saludó, se dejó llevar. Y se emocionó. Y nosotros con ella, como parte de su catarsis particular.

Olivia y Eugenio es un texto del escritor peruano Herbert Morote. En él, madre e hijo debaten cuestiones que tienen que ver con la vida, el paso del tiempo, la pareja, la enfermedad y sobre todo, esa pregunta que todos deberíamos plantearnos en algún momento: ¿qué es lo normal? Olivia y Eugenio es también la adaptación del director teatral José Carlos Plaza, que acaba de llegar al madrileño Teatro Bellas Artes y que estará con el público hasta el próximo 25 de enero de 2015. Además, Olivia y Eugenio es la vuelta de Concha Velasco a las tablas tras haber tenido que matar a Hécuba, su último gran éxito y abandonar la escena para enfrentarse a uno de los papeles más complicados de su vida. Eugenio (Rodrigo Raimondi Hugo Aritmendiz) es el elegido para complementar este regreso. Un joven con síndrome de Down que interpreta y dejará que interpretemos nosotros también, la normalidad más sana, auténtica y genuina que hayamos conocido nunca.

Plaza dirige un texto dramático sin caer en lo lacrimógeno o trágico, viajando por una historia en la que importa más el optimismo, la bondad y la esperanza, que la naturaleza del propio problema al que se enfrenta Olivia. Sin excesivos altibajos emocionales, lo que vamos a ver es el coraje de una madre que se enfrenta a la enfermedad y cuya principal preocupación es el cuidado y bienestar de su hijo Eugenio. Una historia plagada de verdad y despojada de cualquier egoísmo. Con un debate sobre la vida y la muerte que lleva mucho tiempo abierto. Con una moraleja clara. Y con un clamo a la vida que debería sentar precedentes.


Ella, eterna Concha, con su habitual poderío y elegancia, gran señora vestida por Caprile, se encarga de ir despojando capa tras capa de la cebolla. Poco a poco la naturaleza de Olivia, con sus verdades y sus mentiras, sus confesiones y sus secretos y ante todo, el amor incondicional que siente hacia su hijo Eugenio, se irá tornando más vulnerable y generará un conflicto de vida, de muerte y de amor. Es una cuestión de optimismo, de nuestros pequeños placeres, de nuestras historias. Y un paralelismo con la propia Concha Velasco, mujer, actriz, madre. De ahí la emoción con la que abría este post. Si veis la obra, me entenderéis.    

Imagen: Antonio Heredia, diario El Mundo

Él, Rodrigo Raimondi, es uno de los dos Eugenios para Olivia. El hijo fiel, alegre, cariñoso que nunca se va a separar de su madre. Terco como una mula. La normalidad encarnada en un joven con síndrome de Down. La felicidad y preocupación máxima de Olivia. Su ángel. Y un actorazo detrás de una gran réplica, que levantaba con orgullo la mano de Concha Velasco al finalizar la función, gritando su nombre y animando al público a vitorearla. 

Os animo a que veáis Olivia y Eugenio rescatando las propias palabras de Concha Velasco quien, además de resaltar el texto y sus interpretaciones, nos asegura que saldremos del teatro Bellas Artes mucho más buenos, más justos y más nobles.

2 comentarios :

  1. Pues como ya te comenté el otro día, estoy deseando verla en abril. Por cierto, me ha encantado tu reseña tan sentida.

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  2. Gracias! Es lo propio, fue emocionante. Ya me contarás cuando la veas... ;)

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