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jueves, 6 de noviembre de 2014

Ratas a la carrera


El trailer de Fast and Furious 7, película dirigida por James Wan (artífice de Saw o Insidious), lo está petando en las redes sociales. Con el estreno previsto para el 3 de abril de 2015, el trailer superó los 100 millones de visitas a las 48 horas de haber sido publicado. Ahí lo lleváis...

Con el estreno de películas de este género, que suelen tener una aceptación masiva, sobre todo por parte del sector masculino, los coches, la velocidad, la testosterona y el imponente desfile de tías y tíos buenos se llevan por delante a cualquier otro tipo de película que, muy valientemente, se estrene ese mismo fin de semana. A ver quien es el listo que programa un estreno que coincida con Fast and Furious...

A veces me pregunto si estas películas, este género en particular, tendrán algo que ver con la alteración neuronal o el desdoblamiento de la personalidad súbito que ciertos y ciertas personajes barra personajas, sufren de vez en cuando al volante.

Este post lo escribo por dos motivos. El primero como agradecimiento a todos los que me leéis, me habéis votado en los Premios Bitácoras y seguís la sección Mis Cosillas. Y el segundo, como denuncia absoluta ante la falta de educación, los prejuicios y los desafíos de ciertos conductores que bien podrían haber aprobado el carnet de conducir gracias a los puntos del Cola Cao. Me estabais pidiendo este post a gritos...

¿Qué nos pasa por las mañanas, cada vez que cogemos el coche y nos disponemos a comernos el atasco de rigor, camino al trabajo? Yo por regla general, intento salir a la calle sonriendo, ponerme mis temazos mañaneros en el coche y aguantar el chaparrón lo más alegremente posible. Total, me va a dar igual si me enfado, ¿no? Bien, esta filosofía no es la más común por las calles madrileñas a primeras horas de la mañana. Los pitidos, caras de enfado, blasfemias, amenazas por la ventanilla y miradas desafiantes son la tónica para empezar bien el día. ¿Qué os pasa? En serio, si acabáis de salir de casa... ¡No os enfadéis tanto!


La semana pasada me topé con un señor que creía ser Batman mientras esperaba en un semáforo. Me suele pasar a menudo, de hecho. El verdadero Batman usa su Batmóvil para hacer el bien, pero el señor que cree ser Batman, lo usa para todo lo contrario. No contento con meter prácticamente la totalidad del Batmorro e intimidar con aquello de yo me meto, como no me dejes, te doy, me dio por no moverme hasta que el semáforo se pusiera en verde (vivo al límite). Resultado: el falso Batman me llamó anormal, descargó una pitada que se oyó en la otra punta de Madrid y amenazó con denunciarme. Un mendigo observaba la escena, me miró y en sus labios pude leer Ni caso, guapa...

Es muy conocido también uno de los peligros más peligrosos de las ciudades: las furgonetas. ¿No os habéis sentido como la mujer de Jack Nicholson perseguida por su marido desquiciado en El Resplandor, cada vez que se os pega al trasero una de ellas? Yo experimento esa sensación a menudo, también. Esa persecución extrema, esos sudores fríos por intentar apartarte de su camino en cuanto te sea posible. Ese mirar por el retrovisor y ver a Jack con cara de estar a punto de asestarte un hachazo...

Luego está el caso de Michael Knight. Porque yo prefiero creer que todos aquellos coches que te persiguen por la carretera porque se te ocurre adelantar a 120 km/h por el carril izquierdo (llamadme loca tortuga) y que incluso llegan a intentar sacarte de la misma (verídico), en realidad son como Kitt. Para ello necesitan montarse un auténtico rally por cualquier carretera española y esquivar a todo conductor que se interponga en su camino. Kitt debe ir al encuentro de Michael para llegar a tiempo y poder combatir el mal como Dios manda. Esa es la realidad.


¿Os habéis parado a pensar en ese momento en el que atraviesas un peaje, tras pagar el ticket correspondiente, recibes las vueltas del pago o tu tarjeta de crédito y la barrera se levanta rápidamente? Te pones el cinturón corriendo, sueltas las vueltas o la tarjeta de crédito a toda prisa y pegas un acelerón considerable para avanzar y evitar que la dichosa barrera se te eche encima. Todo a la vez. Y, ¡maldición! una vez te vas a incorporar de nuevo a la carretera, una hilera de coches zombies procedentes del resto de filas del peaje, se dirige hacia tí porque te quieren convertir en uno de ellos, despojarte de tu energía y salir los primeros a la carretera principal. A ti, que reniegas por completo de la conversión zombie, sólo te queda pensar en alguna escena de Ratas a la carrera, o de los Autos Locos. A tu lado, Patán suelta su risita pulgosa...

Queridos y queridas, insisto, no os enfadéis tanto ni intentéis evocar a vuestros héroes de acción de la infancia. Os lo pido por favor. ¿Acaso yo amenazo con la katana de Hattori Hanzo? ¿Me bebo vuestra sangre? No, ¿verdad? Dejemos pues, que la convivencia se torne pacífica entre superhéroes y personajes que trabajan la acción. Y que este sea el comienzo de una bonita amistad...


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