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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cuando deje de llover en el Matadero de Madrid

Cuando deje de llover es, desde mi humilde opinión, la obra de teatro del momento. Me enteré demasiado tarde de su estreno en el Matadero de Madrid (el pasado 12 de noviembre en la Sala 1) y me fui a verla ayer, ya in extremis. El montaje se despedirá de las Naves del Español este domingo 21 de diciembre y os escribo con toda la fuerza que puedo llegar a transmitiros en estas líneas, para que hagáis un hueco y os regaléis dos horas de teatro de calidad, del que llega al alma y recorre tus venas, para quedarse para siempre en tus entrañas.

Cuando deje de llover es una obra escrita por el escritor australiano Andrew Bovell en 2008, que se estrenó en el Scott Theatre de Adelaide, Australia, pasó por el Almeida Theatre londinense en 2009 y llegó hasta el Lincoln Center de Nueva York en 2010. Jorge Muriel, el entrañable Gabriel Law, es además el responsable de la adaptación del texto para nuestro público español. Dirige Julián Fuentes Reta. Con esta presentación, lo único que le queda a uno es sentarse y dejarse llevar.

Porque sí. Cuando deje de llover no deja de ser una historia. De familia. Benditas familias cuando tienen que agarrarse en las curvas. Dos familias, los York y los Law, irán contándonos su historia de vida, a través de cuatro generaciones y saltos constantes en el tiempo. Para entender y hacer tuya una historia, es imprescindible conocer todas sus versiones y descubrir la mayor cantidad de matices. Éste es uno de los aciertos del texto de Bovell. Lo que pasó con estas dos familias podría haberse contado de múltiples maneras, pero la variedad en los puntos de vista de cada uno de sus integrantes, a lo largo del tiempo, aporta una riqueza que engancha y estimula al espectador. 

Europa y Australia desde 1959 hasta 2039 serán los espacios y los tiempos en los que nos sumergiremos en la Sala 1 del Matadero de Madrid, con el dolor, la pérdida y el perdón como hilos conductores de la historia. Con comportamientos y actitudes que las primeras generaciones van transmitiendo involuntariamente a sus descendientes. Descubriendo esas herencias que provocan choques en el alma y que nos guían en la búsqueda de nosotros mismos. 

Ya os aviso que no es una obra fácil. Hay que estar muy pendiente de cada nombre, escena y conversación para poder desenmarañar esa madeja de lazos, rencillas y amores con los que acabarás conectando por completo y cuyo desenlace vendrá a tu mente antes de que el nudo se deshaga. He aquí otro de los aciertos del texto y de la escenografía, totalmente simbólica e incluso psicológica. El curso del texto es complejo por los saltos en el tiempo que experimentan sus personajes, jóvenes, maduros y en la vejez. El Matadero se convierte en una máquina del tiempo en la que poco a poco, vas descubriendo los porqués. El espectador puede hilar fino porque el texto es delicado y detallista, regalándonos una serie de píldoras que despertarán nuestras propias conclusiones. 

¿Por qué Henry Law abandonó a su familia? ¿Cual fue el detonante para que Elisabeth Law comenzara a beber? ¿Cuales son los verdaderos fantasmas de Gabrielle York? ¿Quién es Gabriel York? 

Lo complejo del ser humano y lo complejo de las familias componen este retrato familiar que insisto, debéis regalaros antes del próximo domingo. Esta tarde comentaba por Twitter que una de mis obras de teatro a destacar en el 2014 había sido Lluvia Constante. Recuerdo que salí de los Teatros del Canal empanada de la intensidad de Peris-Mencheta y Roberto Álamo. Cuando deje de llover me ha vuelto a empapar. Por motivos distintos, pero con la misma empatía. Con esa empatía y esa forma de contar historias que sólo se puede sentir en el teatro bien hecho y bien contado. 

De lo mejorcito de este 2014, añazo teatral que ya está acabando. No la dejéis para cuando deje de llover...


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