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martes, 17 de enero de 2017

La La Land, soñando música con Ryan Gosling y Emma Stone

No soy de tener película favorita. Me cuesta mucho poner etiqueta a la cantidad de emociones que he ido sintiendo cada vez que me dejo llevar frente a la pantalla. Sin embargo, desde hace unos días estoy dándole vueltas a esto mientras escucho una y otra vez City of Stars y voy desengranando todo lo que me ha provocado La La Land, La Ciudad de las estrellas, si lo preferís... Damien Chazelle, que comenzó siendo baterista de jazz, creador y alma de la espléndida y premonitoria Whiplash y soñador de 31 años del que todo el mundo habla estos días, nos ha regalado dos horas de lo que creo que es o debería ser el cine: un espacio para soñar. Para cantar. Para amar. Para bailar. Para reír. Para llorar. Para creer que todo puede ser posible. Aunque no sea fácil. 

La La Land es un musical homenaje a esos años 50 en los que Gene Kelly cantaba bajo la lluvia, la pantalla estaba llena de color y los planos secuencia en cada número musical comenzaban a protagonizar los montajes. También es una historia de lucha, de sueños y de ilusiones en La Ciudad de las estrellas, en la ciudad de Los Ángeles. Pero sobre todo, La La Land es una historia de amor. De admiración, respeto y apoyo. Un amor real en tiempos de individualismo, independencia y egocentrismo forjado a golpe de claqué, vals y piano. Un musical, sí. Pero con aire de realismo. Muy mágico. Quizás este sea el principal acierto y culpable de que la película esté arrasando tanto en crítica como en premios y público. 

Alguien me decía que a Ryan Gosling no le iba para nada este papel. Con el debido respeto, y a las pruebas me remito, a Ryan Gosling le va este y cualquier papel que se precie. Dar vida a Sebastian va más allá de cantar, bailar y tocar el piano (es él quien toca todas las piezas de la película). "No es tanto una cuestión de técnica, de ejecutar correctamente los pasos, sino más bien de saber mirar a los ojos de tu pareja de baile", dice él. Amén. 



De Emma Stone me enamoré tras verla escupir ese ya mítico monólogo en Birdman. Y yo cuando me enamoro, soy muy fiel. Mia es ilusión, dulzura, ambición y color. Pero también realismo. Me la creo muy mucho y la entiendo. Vivo junto a ella su aventura hasta esa última mirada que hace que se me remueva el corazón y mi estómago dé la vuelta. Emma, no dejes de hacer esto nunca. 

Quizás La La Land ha llegado en un momento en el que creo más que nunca en que los sueños nunca hay que dejar de perseguirlos. Quizás siga existiendo ese espacio en el que todo puede hacerse realidad. Quizás sea esa preciosa banda sonora. Quizás sea la manera en la que yo también creo en el amor, basado en la admiración. O simplemente sea por esos momentos del día en los que bailo. Pueden ser muchos los motivos. Pero La La land ya está en esa lista de películas que bien podrían convertirse en mi favorita. 

Un clásico contemporáneo. No dejéis de ir a verla. 


Este post va dedicado a todos los locos que también sueñan. 

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