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miércoles, 8 de febrero de 2017

Paterson: vivir también puede ser poesía



Se puede ser conductor de autobús en una pequeña ciudad y poeta a la vez. ¿Por qué no? Vivir en la más absoluta cotidianidad y cumplir cada día la misma rutina sin más. ¿Por qué no? Levantarte a la misma hora, sin necesidad de despertador, abrazar a tu mujer mientras saboreas esos instantes previos y deliciosos a las obligaciones del día para después salir por la puerta, realizar tu jornada laboral y volver a tu casa horas después. Cada día, sin más pretensiones. ¿Por qué no? 
Se puede, claro que se puede. Ser absolutamente normal y a la vez exquisitamente extraordinario. Combinar la visión de tu particular y reducido mundo con el arte de ponerlo sobre el papel, en forma de poesía, de palabras que rimen (o no) y que dejen entrever la poderosa vida que el ser humano puede ensalzar, sin necesidad de experimentar grandes hazañas.
El problema es que la normalidad, la cotidianidad o el costumbrismo hoy en día no está de moda, no es sexy y es aburrido. Quizás por eso Paterson , Jim Jarmusch (2016) es tan bella, tan íntima y tan grandiosa a la vez. Debo reconocer que estuve esperando el giro de guión durante más de la mitad de la película. Pero de repente, me sumergí en ella y dejé de esperar, sólo comencé a disfrutar, algo similar a lo que me pasó viendo Boyhood (Richard Linklater, 2014). En tiempos de Tinder, de la vida anclada en el reloj, en los tiempos, en las prisas y en el individualismo e inconformismo más feroz, una película como Paterson te hace echar el freno y volver a ser consciente de que siempre, existen más opciones. Y ninguna ha de ser mejor. Sólo hemos de ser auténticos y buscar combinaciones que nos hagan felices. Hoy me he levantado con la gorra de psicóloga, sí...
Adam Driver, sí Kylo Ren y Adam de Girls (deseandíto estoy de ver el final de la serie, en breve por HBO) es Paterson, este normal y a la vez extraño personaje que conduce un autobús y sale a pasear a su perro Marvin cada noche, para también pasarse por el bar del pueblo a tomarse una cerveza con los aledaños. Pero también escribe poesía. Y ama profundamente a su mujer (Golshifteh Farahani), una creativa y sensible ama de casa que hace cupcakes, quiere aprender a tocar la guitarra y decora cada rincón con un estilo muy particular. Si algún día me dejas, dice uno de sus versos, me arrancaría el corazón y nunca lo devolvería a su sitio. 
Si sois amantes de la acción y de ritmos trepidantes, esta desde luego, no es vuestra película. Pero si queréis ver algo que vaya más allá y os gusta 1, Adam Driver, 2, la poesía y 3, el análisis del ser humano y de la pareja, no dejéis de ver Paterson. Creo sinceramente que ha sido una de las grandes olvidadas de los Oscars de este año. Si no la película, Adam Driver debería haber sido nominado por este papel. Contenido todo el tiempo, pero aguantando perfectamente esa contención. Serio pero dulce. Responsable y cuadriculado, pero extremadamente sensible. Nos ha vuelto a demostrar que es tan bueno como lo fue bajo la máscara en otra galaxia o siendo el histriónico novio de Lena Dunham
Para terminar os recomiendo que busquéis algún poema de William Carlos Williams, poeta al que homenajea Paterson y su curiosa poesía cotidiana. He llegado incluso a leer en alguna web, que el filme de Jarmusch no es tanto una película, sino más bien un poema visual o la reproducción del famoso libro Paterson de William Carlos Williams. 
Que cada cual saque sus propias conclusiones. Para eso está el arte.


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