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jueves, 23 de febrero de 2017

Películas nominadas a los Oscar 2017: Moonlight


Qué curioso es esto del hype, sobretodo en el cine. Creo que voy a escribir un post sobre eso que ahora llamamos hype y que no es más que las elevadísimas expectativas que experimentamos antes de consumir un producto o, en el cine, ver una película. Y es que después de ver Moonlight, la segunda película de Barry Jenkins, reseñada ya como obra maestra, exquisita, e incluso la mejor película del año, me he quedado algo templada, por no decir fría. De hecho, se acaba de llevar el premio del sindicato de guionistas de Hollywood al mejor guión original (galardón que no voy a cuestionar) y seguramente se lleve algún Oscar. Insisto, templada.

Chiron es un chico que vive en un barrio conflictivo de Miami. La película avanza desde su niñez hasta la etapa madura, para mostrarnos los problemas derivados de una familia completamente desestructurada, la búsqueda de un sitio en el mundo y el descubrimiento y aceptación de una homosexualidad que acarrea acoso, violencia y una total falta de entendimiento. No deja de ser una película dura, sin más pretensiones que mostrar y contar lo que hay detrás de las calles principales, más allá de la acción, el romanticismo y la risa.


Estoy escribiendo este post por dos motivos, que son los que sí que me han gustado de la película y creo que es importante seguir resaltando. El primero es la temática, la historia cruda, creíble e íntima de un chaval con problemas dentro y fuera de su particular armario. La sexualidad es un aspecto que nunca se deja de explorar en el cine, pero no todos los títulos saben dar en el clavo ante determinadas emociones, experiencias o problemas derivados. Lo mejor de la película, sin lugar a dudas, es su final, su resolución, una conversación pendiente y una explicación que me pusieron los pelos de punta. En el guión está el secreto. El problema que noto en Moonlight es la excesiva lentitud de la película. Y ojo que yo soy fan de las películas lentas, pero Jenkins peca demasiado a la hora de exprimir lo realmente importante en los últimos veinte minutos de cinta. Son impecables, eso sí, pero demasiado tardíos para mi gusto.

El segundo motivo por el que quiero resaltar Moonlight son las interpretaciones. Las tres versiones de Chiron, niño, (Alex R. Hibbert) adolescente (Ashton Sanders) y adulto (Trevante Rhodes) están sublimes, cada uno en su tiempo y en su forma adecuada. Quizás me quedo con el adolescente, el más sufridor y el más difícil, pero lo cierto es decir que los tres conmueven. Mahershala Ali y Naomie Harris, ambos nominados al Oscar como mejor actor y actriz de reparto, completan un equipo de vencidos que no cesan en la lucha para dejar de serlo y en intentar salir victoriosos del más mínimo aspecto de su no demasiado afortunada existencia. La cara oculta de la moneda, la que quizás no guste tanto, pero que también es necesario ver.


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