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lunes, 20 de marzo de 2017

La Bella y la Bestia, imprescindible para los amantes de la versión animada de 1991

Aún conservo el VHS en casa. Debe estar si no rallado, bastante perjudicado por el uso y por los años. No sabría deciros las veces que vi aquella versión animada de 1991. La Bella y la Bestia fue una de las películas con las que empecé a soñar y a creer en la magia del cine. La maquinaria de Disney creó un clásico animado que marcó un antes y un después en sus producciones y que dejó huella en mi generación. Cualquiera que me lea, nacido en los ochenta, sabrá identificar y recordará con una sonrisa la historia, el castillo encantado, la figura de Bella y la música, esa banda sonora tan propia, representativa y recordada que se llevó el Óscar a mejor canción original y mejor banda sonora en la edición de 1991. También recordará aquello de que la belleza está en el interior. Y sentirá la imperiosa necesidad de ver (si no lo ha hecho ya) la nueva adaptación que acaba de estrenar Disney. Treintañeros y treintañeras amantes de la versión animada, no dejéis de verla. Volveréis a ser niños. Y os va a emocionar. Yo no descarto un segundo visionado. Amigos de Disney, si me leéis, daros por satisfechos. No sólo por la recaudación de este primer fin de semana, astronómica, sino por haber conseguido que más de uno vuelva a casa con la sensación de que el mundo puede ser también un lugar en el que suceden cosas bonitas. 

La Bella y la Bestia de 2017 es una adaptación prácticamente idéntica a la versión animada de 1991. Lo que recordéis de sus dibujos animados, casi plano a plano es trasladado a esta nueva cinta de Bill Condon que sí que incorpora nuevos detalles y se toma ciertas licencias que aportan a la película una nueva dimensión. He leído alguna que otra crítica que no respalda esta versión precisamente por ser un calco de la anterior. Creo que la cinta sí que aporta un valor añadido con nuevas escenas, más información sobre Maurice, el padre de Bella, algún que otro nuevo momento musical y un detalle en el final cuanto menos original y curioso.   

Si la animación de los objetos del castillo ya nos enamoró en los noventa, ver ahora cómo Lumière, Din Don, la Señora Potts y el adorable Chip cobran vida es sencillamente delicioso. Esperaba con emoción verlos moverse y hablar mientras Bella descubre y entra en el castillo. Volví a reír con el pícaro candelabro, adoré de nuevo al barroco reloj de mesa y quise adoptar a la tierna tetera y a su pequeña tacita de té. La animación y efectos especiales de la película son un auténtico festín de realismo, magia, diversión y color. Un disfrute lleno de estímulos para todos los sentidos, cine en estado puro. La producción está tan cuidada que el resultado es un nuevo tanto para la factoría Disney y para los abnegados fans que tanto tiempo llevábamos esperando esta nueva versión. 

Cuando supe que Emma Watson sería Bella, no imaginé a otra actriz metida en el personaje mejor que ella. Era un handicap por lo marcado y característico del personaje, incluso por su propio físico. Bella es el alma de la película y mucho peso recae sobre ella. Emma Watson ha sido capaz no sólo de hacer que Bella cobre vida con nota, sino de darle un toque de personalidad que le aporta mucha más fuerza y carácter en la película. No sólo me gustó, sino que me convenció y me emocionó. Bien de nuevo por Emma, todos mis respetos. 

Respecto a la Bestia, (no conocemos su verdadero nombre, puesto que en ningún momento se revela en las películas) y al igual que ya hicieron con los animales en El libro de la Selva, hay que decir que su puesta en escena es increíblemente real. En esta nueva versión, el otrora príncipe hechizado adquiere una nueva dimensión al incorporar los rasgos humanos de Dan Stevens (Downtown Abbey) y por fin ver que detrás de la bestia se esconde en realidad un ser humano. Esto con dibujos animados es más difícil de conseguir, con lo que en esta nueva adaptación es más fácil para el espectador ponerse en la piel (y el pelazo) de uno de los monstruos más queridos de Disney, que me perdonen Sulley y Mike, por favor.

No quiero dejarme en el tintero a Luke Evans, el perfecto Gastón. Más difícil que amar es odiar a un personaje. Siempre hemos odiado a Gastón, es un ser completa y absolutamente despreciable, aún siendo un dibujo animado. Debe ser que Evans se tomó muy en serio su participación en esta película, porque acabas odiando a Gastón más aún si cabe. Junto a él, LeFou, su fiel lacayo y personaje que ha generado la trifulca de turno por su más que visible homosexualidad en la cinta. Un personaje gay en Disney, cómo se les ocurre, qué locura, qué despropósito, el apocalipsis va a llegar. Señores que critican esto, ¿por qué no abren un poquito sus mentes? Llámenme loca, si es menester.  

Ewan McGregor, Ian McKellen, Emma Thompson, Kevin Kline, Josh Gad, Audra McDonald, Gugu Mbatha-Raw, Stanley Tucci y Bill Paxton completan un reparto más que acertado y más mágico que nunca, que nos descubre a unos personajes renovados y con nuevos y acertados matices. 

Más allá del análisis de la producción, los efectos visuales, la técnica o las interpretaciones está la emoción. Sólo con escuchar los primeros acordes de la pieza musical compuesta para el prólogo de La Bella y la Bestia, esas primeras notas detrás de la voz en off que relata la historia de aquel despiadado príncipe francés, os puedo decir que me emocioné. Fue un viaje. A los primeros sueños. A las primeras emociones. A la magia. Y a la absoluta inocencia de volver a ser una niña otra vez. 


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