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lunes, 6 de marzo de 2017

El guardián invisible, una adaptación más que digna de la novela de Dolores Redondo


Libro versus película, he ahí la cuestión. Todo aquel ávido lector que haya seguido con inquietante interés y desenfrenada pasión las aventuras y desventuras de la inspectora Amaia Salazar, entenderá mi inquietud minutos antes de ver la adaptación cinematográfica que acaba de estrenar Fernando González Molina (Fuga de cerebros, Tengo ganas de ti, Palmeras en la nieve) sobre El guardián invisibleprimera entrega de la Trilogía del Baztán. Estas tres novelas (El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta) han supuesto uno de los mayores fenómenos literarios en España de los últimos años, de la mano de la flamante ganadora del último Premio Planeta (Todo eso te daré), Dolores Redondo. Y, como era de esperar, ya tenemos la película en los cines. Con todo lo que eso conlleva para los puristas (y no tan puristas) lectores y espectadores que hemos devorado todo lo que esta atormentada y entregada inspectora navarra tenía que contarnos.

Tenía sentimientos encontrados. Por un lado, unas ganas enormes de ver en pantalla el aspecto y la actitud de Amaia Salazar. Poder verla a ella y todo lo que la rodea, el valle del BaztánElizondo, la casa de tía Engrasi, Mantecados Salazar... Poder, una vez más, comparar lo que me había imaginado con lo que un equipo artístico a su vez, también ha imaginado y ha sido capaz de recrear. Pero esto es un arma de doble filo. ¿Y si lo que tú tienes en la cabeza, no cumple para nada con lo que ves en la pantalla? ¿Y si no han sido capaces de llegar a las mínimas expectativas? Bajonazo máximo, epic fail y cabreo monumental a la salida del cine, debate encarnecido con tus colegas cinéfilos mediante, por supuesto. Podría haber pasado, pero no pasó. Salí del cine más que satisfecha con lo que había visto. Quizás los más integristas se me echen encima, pero sinceramente creo que El guardián invisible es una más que digna adaptación de la novela de Redondo. Es obvio que no estamos ante una obra maestra, ni creo que se pretenda, pero sin duda es una película entretenida, bastante fiel al libro, con una Marta Etura muy en su papel, muy creíble y con una fotografía más que brillante. Y no era tarea fácil.


Al igual que ocurre en la novela, Marta Etura es el alma, el vértice y el cuerpo sobre el que cae todo el peso argumental y dramático de la película. Difícil era la elección de una actriz que fuera capaz de encarnar a un personaje tan lleno de contradicciones, misterio e inquietud. Amaia Salazar es una experimentada inspectora de policía, valiente, seria y profesional que vive atormentada por culpa de unos terribles sucesos acaecidos durante su niñez. Pero a la vez esconde una poderosa sensibilidad y es capaz de irradiar algo de luz entre tanta oscuridad. Ahora no soy capaz de imaginar a una actriz que no sea Etura para encarnar a la inspectora. Ha conseguido respetar los estigmas de la protagonista, sus emociones, ilusiones y temores. Me estremecí con un par de secuencias de un calado emocional terrible. Sentí miedo con ella, con Amaia, con Marta, con ambas y con todas a la vez. Totalmente a la altura de mis expectativas. Menos mal.

Completando el tándem, he de decir que me sorprendió más que bastante Nene en el papel de Jonan Extaide, fiel compañero y escudero de Salazar y figura importante en el desarrollo de la trama. Tengo que guardarme mis prejuicios una vez más y reconocer que el cómico resuelve muy bien su participación en la cinta. En general, el elenco es muy aceptable. Salvo excepciones como Paco Tous, bastante flojo como el doctor Jorge San Martín y Benn Northover, que da vida al paciente marido James, insípido hasta decir basta, la mayoría se acerca a las descripciones de la novela. Elvira Mínguez está soberbia como la implacable Flora Salazar y la enorme Susi Sánchez sólo necesita una secuencia para ponernos los pelos como escarpias.

El guardián invisible es una película muy oscura, el desasosiego es constante y os vais a hartar, al igual que los propios personajes, de que esté constantemente lloviendo. Hacía tiempo que no veía tanta lluvia en una película y por consiguiente, tanto despliegue técnico para conseguir el efecto deseado en ese peculiar y misterioso valle del Baztán. De hecho, dan ganas de visitar Elizondo y sus alrededores. Yo no descarto la escapada en busca del Basajaun y unas cuantas aventuras mitológicas.

La primera parte de la película, de situación, contexto y presentación de los personajes y la trama, puede llegar a resultar algo lenta, al igual que puede suceder leyendo la novela. Por poner algunos peros, quizás falten ciertos detalles que se dan por sentado y que quién no haya leído el libro, acabe echando en falta. Sin embargo, los últimos treinta minutos de la cinta son espectaculares. Los flashbacks al pasado de Amaia y el desenlace de la trama, con bastante más acción que en la novela, me sobrecogieron y me transportaron de nuevo al rincón de mi imaginación dedicado a la historia de Amaia Salazar. Porque, salvo excepciones contadas, una película nunca podrá superar el grandioso poder que es nuestra imaginación. Esa es la magia de leer. Leer versus ver. Esa seguirá siendo la cuestión.



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