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viernes, 31 de marzo de 2017

Los comensales: una charla sobre teatro y vida. Un ejercicio de amor sin guión por la cultura

Difícil describir el significado de una pasión, de un motor, de una necesidad vital. Difícil escribirlo. Y difícil plasmarlo a través de aquella lente que todo lo inmortaliza. Fácil podría ser contarlo. A tus amigos, por ejemplo. O mejor, a aquellos que viven, entienden y comparten esa pasión, ese motor y esa necesidad vital de una forma muy parecida a la tuya. Que apoyan, luchan y saben de lo que hablas. Aquellos que como tú, viven por y para el arte. En todas sus expresiones. 

Ayer tuve la suerte de poder ver, por fin, Los Comensales, peculiar película de Sergio Villanueva ganadora del Premio del Público en el Festival de Málaga 2016. Con cuatro actores (Sergio Peris-Mencheta, Juan Diego Botto, Silvia Abascal y Quique Fernández) y una autora y directora de teatro, Denise Despeyroux, que se reúnen en el campo para comer al aire libre y tratar con ellos un próximo proyecto teatral. Digo peculiar porque no es una película al uso. Los Comensales es una charla sobre teatro, arte y vida rodada en un único día y sin guión. Villanueva definió ciertos puntos que sirvieran de guía para desarrollar la conversación sobre la que gira la cinta, pero todos sus diálogos nacieron de la más absoluta naturalidad e improvisación de los participantes. Un género raro el que nos ha salido, algo nuevo que no se había hecho antes, decía ayer Sergio Peris-Mencheta durante el coloquio posterior a la proyección de la película. Lo que ayer vimos en los Renoir debería emitirse en prime time en cualquier cadena nacional. Los Comensales es un ejercicio de amor, sinceridad, realismo, exposición y compromiso por la profesión y por la cultura por parte del director, de los cuatro actores y de la autora. Si esta película la vieran todos los espectadores habidos y por haber, muchos de los prejuicios, acusaciones y críticas arrojadas sobre el sector de la cultura en España quedarían a la altura del betún.  

Lo que empieza por ser una comida entre amigos sobre un proyecto teatral, se acaba convirtiendo en una charla sobre lo que para ellos es el teatro, cómo se enamoraron de él, cómo empezaron y cómo viven su profesión. Al igual que en cualquier reunión que se tercie, lo que se predispone como el tema principal de la velada, siempre nos acaba llevando por otros derroteros. Creo que los cinco integrantes de Los Comensales fueron extremadamente generosos a la hora de exponer algunos episodios íntimos y muy personales de sus vidas. Conecté muchísimo con Peris-Mencheta hablando sobre su padre y con Botto contando una historia muy especial sobre su madre. Y sentí cierto pudor precisamente por ser testigo de esas historias tan suyas que de forma tan especial estaban haciendo mías. Así funcionan las relaciones y la forma en la que yo entiendo que se cuentan las historias, esa tendencia al relato a la que se refería Botto, a la forma en la que nos abrimos en canal para expresarnos y para proyectar lo que para nosotros es el arte, ya sea interpretando, dirigiendo, produciendo, bailando o escribiendo.  

El arte sana, decía ayer Silvia Abascal, mujeraza a la que admiro de pies a cabeza y cuyo libro, Todo un viaje, tengo grabado a fuego en la memoria. Viendo Los Comensales y asistiendo a coloquios como los de ayer, entiendes que hay muchos locos como tú. Insensatos que entienden la cultura y el arte como una necesidad y no como un lujo. Que es su bálsamo contra la vida que nos vemos obligados a vivir. Su herramienta para crecer, aprender, criticar y despertar. Llevo un tiempo con la sensación de que todo lo que suene a cultura española en plena crisis es sinónimo de menosprecio y pérdida de tiempo. Por eso tengo que dar las gracias a todo el equipo de estos comensales porque ayer me sentí una comensal más. Ese sexto comensal que nunca llega pero que siempre está presente. Otro alma inquieta, inconformista y loca por contar historias. Estoy aún más convencida de haber cambiado la seguridad del gris por la felicidad del color. 

No quiero que este momento acabe nunca. Me gustaría detener el tiempo y que esto durara para siempre. Esto es amar lo que uno hace. Por encima de prejuicios, etiquetas, el deber y lo que se espera de ti. Sois unos valientes, queridos comensales. Vosotros y todos y cada uno de esos sextos comensales que cada día luchan y se esfuerzan por vivir y conseguir dejar de sobrevivir.  


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