.status-msg-wrap {visibility:hidden;display:none;}

lunes, 3 de abril de 2017

María y los demás, ya en Filmin y Movistar+

Soy muy fan de Bárbara Lennie. La mejor actriz de su generación, dicen algunos sobre ella. No me gusta etiquetar, pero esta actriz tiene ese algo que engancha, que conecta y que enamora. Dejando a un lado un impecable uso de la técnica con la que interpreta a cada uno de sus personajes, forma parte de ese grupo de actrices que poseen un innegable talento natural y una presencia frente a cámara apabullante. Se llevó el Feroz y el Goya en 2014 por la brillante Magical Girl. Y apuntaba maneras de hacer otro pleno (ganó el Feroz) con su protagónico en María (y los demás), ópera prima de Nely Reguera que se me escapó del cine y que por fin he podido ver este fin de semana en Movistar+. También disponible en Filmin, queridos treintañeros, queridas treintañeras, os recomiendo ver esta película. Una cinta llena de preguntas ambientadas en la treintena, en nuestra relación con la familia, amigos y el sexo opuesto y en nuestros miedos, triunfos y fracasos. Todos y todas somos o hemos podido ser María. 

María lleva adoptando el rol de su madre desde que esta falleciera hace más de veinte años. Cuida de su padre enfermo y de sus hermanos. Uno casado y con un bebé en camino. El otro viviendo en Londres como ayudante de chef. Trabaja en una editorial y escribe un libro cuando buenamente puede. Ni ella recuerda cuándo comenzó a escribirlo. Sale con sus amigas y queda de vez en cuando con un tipo separado que tiene dos niñas pequeñas. Un clásico de la treintena para que, quien lea estas palabras esté soltero o soltera, ¿no?

El mundo de María pega un vuelco cuando su padre se enamora de una de sus enfermeras y sin contar con nadie, anuncia a bombo y platillo que se va a casar con ella. Su hermano mayor quiere hacerse cargo del bar que regentaba su padre y una de sus mejores amigas va a ser mamá. Parece que todo se pone patas arriba. Ella experimenta un vacío enorme, su mayor responsabilidad va a dejar de serlo, parece que ya nadie la necesita. Todos evolucionan. Ella no. Sigue vendiendo libros en la editorial cuando lo que querría es escribirlos. Sigue sin novio, implorando las migajas del típico follamigo. Y su familia no para de recordarle todo aquello que ella se empeña en esconder. 


Porque cuando superamos los treinta, nos asaltan una serie de dudas, reflexiones internas y consideraciones que no habían hecho el menor acto de presencia en los dulces veinte. Lo interesante de María (y los demás) es precisamente esa puesta en escena de los problemas, miedos, inseguridades de una chica normal de más de treinta años que lo único que pretende es encontrar la respuesta a toda esa maraña de reflexiones y dar con esa parcelita de felicidad que finalmente es lo que todos y todas buscamos. Creo que el personaje tiene muchas características con las que la gente se siente identificada. Somos una generación que formamos parte de este momento. Hay cosas que le pasan a María que nos pasan a todos, pero cada uno tiene su realidad, afirmaba Reguera en una entrevista durante la promoción de la película. Es fácil ponerse en la piel de María teniendo más de treinta y contando con cierto grado de experiencia vital. Lo importante es saber reconocerlo y reírte de ello. Bastante drama hay ya en el mundo. 

Bárbara Lennie es María. Muy bárbara. En todos y cada uno de los planos de la película. Porque toda ella es Bárbara. Sólo por ella y por el trabajazo que se marca merece la pena verla. Pero insisto, os vais a encontrar con mucho más. Sin la pretensión de dar lecciones ni establecer tratados, María (y los demás) es el retrato de una mujer de treinta cinco años que atraviesa un cambio importante en su vida y se ve obligada a lidiar con él. Con todo lo que ello conlleva y se lleva por delante. Nada más. Es posible que María, en la vida real haya superado ya este trance, haya mandado a freír espárragos al follamigo y hecho mejores migas con su madrastra. Hasta es posible que ya le hayan publicado la novela. Y hasta de que tenga novio. O un nuevo follamigo. O que siga soltera y feliz. Porque las posibilidades, queridos treintañeros y treintañeras, son infinitas y válidas a estas alturas del partido. Dejemos de revelarnos contra ellas.  



No hay comentarios :

Publicar un comentario