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jueves, 25 de mayo de 2017

Déjame salir, la película de la que todos hablan

Maquinaria de marketing funcionando a todo gas. Llevo viendo la cara desencajada de Daniel Kaluuya en las traseras de los kioskos no sé cuántas semanas. Ojitos saltones y desesperación. Todo apunta a tortura. Como mínimo. 230 millones de dólares recaudados en todo el mundo. Por favor, hagan dos filas que se abarrota la taquilla. Ya lo leéis en los testimonios. Un thriller brillante e inteligente, Cruel y mordaz, Atrevida y perturbadora. Todo son elogios para la primera cinta del estadounidense Jordan Peele. No es un aclamado director, ni un personaje vinculado al cine, sino un cómico de la Comedy Central que se ha pasado al otro lado de la cámara y que ha debutado de la mejor manera posible: marcando la diferencia y poniendo el conflicto racial  americano encima de la mesa. Desde la metáfora, con terror e inteligencia. Déjame salir promete convertirse en el nuevo hit cinematográfico del momento. Yo me quedé con esa mágica sensación de haber visto una nueva peli de culto para la colección. Una joyita con mucha enjundia. 

Chris (Kaluuya) y su novia Rose (Allison Williams, Marnie en Girls) se desplazan hasta la casa perdida en el medio de la nada en la que viven los padres de ella. Rose no les ha contado que tiene un novio negro. ¿Debería?, le pregunta ella. Su padre no es racista, no hay de qué preocuparse. Sin embargo, el posible racismo del padre de Rose es lo menos inquietante, ya que desde el mismo momento en que la pareja entra por la puerta de esa casa, lo truculento comienza a salir a la palestra. 

Sin caer en el spoiler os diré que Déjame salir es una película rara. Su trama y sus elementos dramáticos persiguen una dualidad que tiene que ver por un lado, con una mera cuestión de supervivencia del protagonista de la cinta y por el otro, con el propio objetivo de la película. En esa casa suceden cosas extrañas, por calificarlas de algún modo. Chris va siendo consciente de ello poco a poco y el thriller está servido, señores. Porque Déjame salir es una brillante alegoría de lo que está sucediendo en la sociedad americana con respecto al racismo. Digo que es brillante porque ya no es que retrate las mil y una diferencias que aún siguen existiendo entre la raza blanca y la negra. O la propia consideración de los blancos hacia los negros. O incluso los clichés de cada uno de ellos. Déjame salir es una película que da una vuelta más a la tuerca. Porque hemos pasado de la discriminación al amor por la raza negra. Ahora, ser fan de Will Smith, Beyoncé u Obama es lo que mola. El atractivo de determinadas personalidades de raza negra ha dado lugar a un nuevo escenario en el que los negros son la auténtica raza superior. Y esto tiene que ver mucho con la película. Si la habéis visto ya o cuando la veáis, entenderéis a lo que me refiero.  

Déjame salir está ocupando tantos titulares debido al delicado asunto que protagoniza sus fotogramas. El espectador puede hacerse una idea de lo verdaderamente terrorífico que habita en esa casa del horror y son reconocibles posibles influencias de otros directores y películas que ya presentaron elementos visuales similares. No pude evitar recordar La visita de Shyamalan, o yéndome al extremo de la rareza, la propia Tusk de Kevin Smith. Teniendo esta última aún en mente (como para poder olvidarla), reconozco que mi imaginación fluyó y ya me estaba esperando un final de lo más bizarro, truculento e imposible. En este tipo de películas todo puede pasar y yo he visto demasiado. Me espero cualquier cosa. Os dejo a vosotros el papel de averiguar el resto antes de terminar diciendo que el final me gustó tanto o más que el nudo principal de la película. Peele se ha coronado y estoy muy de acuerdo en que si ha entrado al mundo del cine por esta puerta, lo que nos queda por ver puede prometer. Y seguro que promete.   


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