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martes, 30 de mayo de 2017

Personal Shopper, la película ninguneada en Cannes que corona a Kristen Stewart

Ahora que finaliza la edición número 70 del festival de cine de Cannesolvidable según Boyero, viajo en el tiempo a la anterior edición para comentar una peli que llevaba justo un año esperando para poder hincarle el diente. Se trata de Personal Shopper, última cinta del francés Olivier Assayas y creador entre otras, de la premiada Clouds of Sils Maria. Personal Shopper se llevó un abucheo tras el pase de prensa en Cannes en su anterior edición. Al parecer, nadie la entendió como merecía. Sin embargo, Assayas se alzó con el premio al mejor director. Mientras tanto Kristen Stewart, la absoluta protagonista de la cinta, comenzaba a responder a las preguntas sobre su sexualidad, llenaba la prensa de titulares y cautivaba a la crítica. Stewart se desvinculaba por completo de la saga Crepúsculo y comenzaba a recibir elogios de todo tipo por su trabajo como Personal Shopper médium entre fantasmas. Este es otro ejemplo del ejercicio de purificación de prejuicios que estoy llevando a cabo con actores y actrices. Fui a ver esta película sin demasiada idea sobre su argumento y con Assayas como única referencia, de nuevo junto a Stewart como protagonista. He de reconocer que no sabría clasificarla ni descifrarla en su totalidad, pero Personal Shopper y sobre todo el trabajo de Kristen Stewart me han dejado patidifusa. En el buen sentido de la palabra.

Personal Shopper es una película extraña desde la base. Maureen es una veinteañera que trabaja  en Paris como personal shopper de una modelo muy conocida. No conocemos su trama principal hasta el primer tercio de metraje. La cinta da comienzo con la joven, en una casa enorme y desierta, pasando una noche en la que acabamos por descubrir que lo que pretende es recibir una señal del más allá. Maureen ha perdido a su hermano gemelo, también con ciertas capacidades especiales para comunicarse con la otra dimensión y espera que le envíe algún tipo de mensaje. Ahí es nada. Mientras tanto, su vida como compradora y recadera de la celebrity en cuestión sigue su curso. Viajes, compras en firmas carísimas mediante y gestiones varias que no suponen ningún tipo de motivación para Maureen. El tono contante es sombrío, serio e intrigante. Creo que no vi a Stewart sonreír ni una sola vez (que alguien me corrija si me equivoco). La actriz es capaz de evocar una tristeza y una desazón que traspasa la pantalla. Amigos, la sosaina Bella Swan ha muerto.     

Con independencia a las tramas, Personal Shopper propone una serie de secuencias que para mí, fueron el auténtico acierto de la película y que van más allá de enseñar algo. Las escenas que muestran las conversaciones a través del iPhone de Maureen me parecieron absolutamente brillantes y fiel reflejo de nuestro propio comportamiento ante la pantalla. Con solo ver y leer los mensajes que Maureen intercambia con, llamémosle X, podemos notar su nerviosismo, su curiosidad y hasta su desesperación. El lenguaje no verbal oculto en las personas desde la herramienta no verbal por excelencia. Ardua era la tarea de Assayas. Porque cada vez es más frecuente en películas y series el ir incorporando el móvil como otro elemento más de interacción entre personajes. Sin embargo, aún no había visto algo tan real, tan vívido y tan aterrador al mismo tiempo. 

Quizás lo que importe de Personal Shopper no sea el final, sino el camino hasta llegar a él y nuestra cotidianidad, normalidad y reacciones ante lo que nos vamos encontrando por el camino. En un mundo en el que lo normal y lo paranormal se dan la mano, estos conceptos acaban por mezclarse y nos llevan por otros derroteros. La verdad es que no entiendo muy bien la decepción que provocó en Cannes el año pasado, después de ver otras muchas películas que también pasaron por el festival y no había un dios que las comprendiera. Creo que Personal Shopper es precisamente una película que invita a la reflexión con independencia al desasosiego o incluso terror psicológico que pueda provocar. Plantea una serie de temas y ya cada cual que saque sus propias conclusiones como pueda. También eso es cine, si no me equivoco. En lo que no me equivoco es en decir que Kristen Stewart era un diamante en bruto que aún no había comenzado a pulirse en la saga Crepúsculo. Nos cebamos con ella por aquel entonces y como todo aquel que escupe para arriba, llegado el tiempo, ha de recular. Radiante carrera de fondo la de esta actriz. Que no pare su maquinaria. 


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