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lunes, 15 de mayo de 2017

Sbaraglia y Darín, juntos en Nieve Negra. Y muy revueltos

No habían coincidido nunca. Al menos en una misma secuencia. Son dos de los actores argentinos más seguidos, queridos y respetados. En la pantalla y fuera de ella, Leo Sbaraglia y Ricardo Darín son ya como esos novios del cine eternos. Argentinos, por supuesto. Ambos han reconocido que sienten España como su segundo hogar. Han trabajado en nuestro país y fuera de él. Son dos ases de la interpretación. Amándole, llegué a odiar a Leo en su papel en Diario de una ninfómana. Darín hizo que todos quisiéramos ser aquel ingeniero bombita. Yo le hubiera defendido siempre. A capa y espada. Con todo esto lo único que pretendo es decir que estos dos fieras lo hacen muy bien. Porque nos los creemos mucho. Porque empatizamos con ellos y hasta les llegamos a odiar. Pues bien, el argentino Martín Hodara, con quien Darín ya trabajó en La señal, ha logrado juntar a este par en una película. Nieve negra, se llama. Ya la podéis ver en cines. 



Cuatro hermanos. Juan falleció hace años. Sabrina (Dolores Fonzi) vive internada en un centro psiquiátrico. Salvador (Darín), aislado en una cabaña en medio de la Patagonia. Marcos (Sbaraglia) vive en Madrid con su mujer Laura (Laia Costa). Esperan su primer hijo y lleva más de diez años sin ver a Salvador y a Sabrina. Planteado el percal familiar, la herencia sale a la palestra tras el fallecimiento del padre de estos hermanos y Marcos decide volver a la que fue su casa para arreglar estos temas con su hermano. Lo que Marcos se encuentra al volver es al primo hermano de Leo DiCaprio en El Renacido. Vamos a ver a un Darín más caracterizado de lo habitual, con el pelo largo y abundante barba, dando vida a un personaje introvertido, callado, e infinitamente contenido. Salvador no le va a poner las cosas fáciles a Marcos. Se masca la tragedia.  

Nieve negra es un thriller psicológico intenso en el que nada es lo que parece. Las rencillas familiares se confunden con verdaderas tragedias. La cuantiosa suma que flota en el aire enturbia y presiona. Los secretos del pasado se desentierran. La nieve helada parecía haberlos tapado por completo hasta que, de buenas a primeras, se desentierran por casualidad. Y otros valores como la sinceridad, la ambición y la fidelidad entran entonces en juego. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar? ¿Qué tan buenas personas somos? 

Quiero hacer especial mención a la actriz Laia Costa. Sólo por el mero hecho de enfrentarse a estos dos actores en medio de la nieve, del frío y del tremendo vendaval que imagino supondría el darles la réplica, ya se ha ganado mi absoluto respeto. De hecho su papel es fundamental, por muy nimio que pueda parecer al principio. El trío que conforma Nieve negra se completa tan bien gracias a ella. Creo que la aparente fragilidad de Laura compensa la potencia de los argentinos. Es el contrapunto, el equilibrio, el agente externo, el otro punto de vista. Su personaje está muy bien defendido e interpretado. Laia Costa es el plano diferente al que mirar para escaparnos del alud. Y para mirar debajo de esa nieve negra. 
   
El montaje es el eje sobre el que se sustenta la película, construida a base de flashbacks que nos transportan a los años en los que los hermanos aún se denominaban familia. Quizás peque de mostrar demasiado y no dejar nada a la imaginación del espectador, pero a la vez, la cantidad de giros le dan el carácter que la cinta busca desde un principio. Nieve negra es una película que hay que ver sólo por lo increíblemente visual que es y por lo increíblemente bien interpretada que está. De lo mejorcito de la cartelera durante estas últimas semanas. No os la perdáis. 


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