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lunes, 12 de junio de 2017

Captain Fantastic: un error maravilloso

Viggo Mortensen fue uno de los nominados al Oscar a mejor actor en la pasada edición de los Premios de la Academia. Por lo que fuera, no vi Captain Fantastic durante mi peculiar maratón de pelis previo a la noche de los Oscars. No me preguntéis por qué. Craso error. Porque aunque ha pasado más bien desapercibida, Captain Fantastic, segunda cinta de Matt Ross en la dirección, es uno de los descubrimientos del año. Una película bonita en fondo y forma. Fresca, dinámica y original. Alejada de los estereotipos. Y magistralmente interpretada por aquel Alatriste de acento raro. Luchadores incansables por modelos diferentes de vida, esta es vuestra película.    

Ben Cash (Viggo Mortensen) vive con sus seis hijos en los bosques del estado de Washington, alejado de la civilización, del bullicio, de la gente e incluso de la propia escolarización de los chiquillos. En un hábitat que se nos muestra a través de una primera secuencia brutal y que puede recordarnos al más puro Libro de la Selva en una versión más adaptada y actual, esta familia caza su propia comida, entrena a diario para mantenerse fuerte y se instruye con rigor y disciplina a través de las directrices y de la literatura de su peculiar líder de la manada

El planteamiento de Captain Fantastic es más que interesante y poco a poco irán apareciendo pistas que descubran la historia detrás de esta familia. Sin embargo, me atrevo a decir que esto no es lo más interesante de la película. El fundamento de toda ella reside en exponer los pros y los contras tanto del modelo de Estado de bienestar como del modelo de vida que Ben Cash y su mujer eligieron para educar a sus hijos. La desilusión que provoca el capitalismo fue el detonante para que esta pareja con valores algo alejados a los que el estilo de vida americano dicta como correctos, decidiera abandonar la gran ciudad. Supervivencia, filosofía, independencia, vida saludable y cero tecnología. Así construyeron los Cash su nueva existencia. Los niños apenas saben lo que es un videojuego, unas Nike o Instagram. Son capaces, por el contrario, y siendo aún muy pequeños, de analizar de forma crítica la Carta Universal de los Derechos Humanos

Captain Fantastic es esa película que te deja tocado. La que te saca de tu burbuja de seguridades y las pone todas en entredicho. ¿Acaso nos estamos equivocando? ¿Estamos condenados a vivir en una sociedad que cada vez se aleja más de lo básico, de lo que realmente importa? O peor aún y teniendo en cuenta nuestros ajetreados y estresantes ritmos de vida, ¿estamos criando a niños incapaces y absorbidos por ese gran gigante que es la tecnología? ¿Deberíamos todos irnos a vivir a la montaña y mandar al carajo el estrés y el supuesto estado de bienestar que nos vendieron de pequeños? ¿Qué es lo mejor? ¿Dónde está el truco? ¿Cómo sobrevivir sin perder la cabeza en el intento?

Con cierto aire (salvando por supuesto las distancias) a Pequeña Miss Sunshine, no creo que la película pretenda sentar las bases ni las respuestas absolutas a las anteriores cuestiones, sino soltarlas, ponerlas encima de la mesa y remover conciencias, opiniones e incluso conductas. Gracias por este error maravilloso, dice en un momento cumbre un Viggo Mortensen sencillamente delicioso. Un error basado en el amor, en el respeto, en la educación y en la más básica supervivencia. ¿Es que necesitamos más? ¿Es todo lo material tan necesario en nuestras vidas? ¿Somos tan felices como muestran nuestras cuentas de Instagram? Pensad todo esto por un momento. Pero antes, poneos Captain Fantastic (ya disponible en las plataformas digitales y demás soportes). Y rumiadla durante un par de días.  


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